Volvimos a cambiar de país y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Colombia. 

Después de un mes conociendo México, ya teníamos ganas de cambiar de aires y conocer una nueva cultura, probar otro tipo de comida y vivir nuevas experiencias en un nuevo destino.

Para empezar a conocer Colombia, empezamos por la capital, Bogotá, la gran desconocida. 

Este es un viaje de sensaciones, donde todo o casi todo es nuevo. Desde que aterrizamos en el aeropuerto del Dorado, algo nos dijo que Bogotá la íbamos a disfrutar a lo grande y conectamos con la ciudad de manera especial. 

Primeros «problemas»

Empezamos por el principio: Cuando llegamos a Bogota no todo fue sencillo. Tuvimos la suerte de tener unos cuantos contactos allí, amigos de César que conoció en su paso por Mastrich, y amigos de familiares de Sergio. Estábamos bien conectados, pero el primer problema era que no teníamos donde dormir. Aterrizamos sin saber a dónde ir, solo sabíamos que en el aeropuerto  nos esperaba un amigo de César, el gran Daniel Porras, preparado para enseñarnos su fantástica ciudad y llevarnos a desayunar a uno de los locales de moda de Bogotá, Masa.

Desde que llegamos empezamos a movernos para buscar un hostel, bed and breakfast, cualquier cosa para poder dejar las mochilas y empezar a recorrer esta ciudad. 

El padrino y nuestros contactos : la suerte nos acompaña 

Jose, el tío de Sergio, que nos ayudó mucho con la planificación del proyecto antes de empezar la aventura, está también muy pendiente de nosotros durante el viaje, y nos echó una mano en Bogotá. Movió unos hilos y nos consiguió un hostel en una muy buena zona y a muy buen precio. Pero es que paralelamente a eso, en nuestra primera búsqueda de alojamiento, también habíamos contactado al director de marketing de NH Hoteles, a quien Sergio había conocido el verano pasado. En seguida obtuvimos respuesta y también él se puso en marcha. Nosotros le habíamos contactado por si conocía a alguien que nos pudiera ayudar, o para ver si nos podía conseguir un descuento en hoteles. Pero nos llevamos la mayor sorpresa, algo por lo que le estaremos agradecidos toda la vida y que hizo que nuestra estancia en Bogotá superase con creces todas nuestras expectativas: nos esperaba una semana gratis en el NH Terra 100 de Bogotá. No nos lo podíamos creer, estábamos realmente emocionados. Aprovechamos este post para agradecer eternamente a Isidoro Martínez, Juan Andrés Milleiro y todo el grupo NH por habernos tratado tan bien, por haber podido descansar como en casa y disfrutar de todos sus increíbles servicios  y en especial por habernos dado esa oportunidad.

 ¿ Nuestra segunda casa ? 

Paseando por las calles de Bogotá nos sentimos realmente como en casa, como en Madrid. La gente es súper simpática y amable, dispuesta a ayudar con todo. Estamos en Latinoamérica y no hay que bajar la nunca guardia, pero sí es cierto que aquí desapareció esa sensación de inseguridad que notábamos por las calles de México. Bogotá es una ciudad muy grande, y uno de sus mayores problemas es el metro. Tampoco hay un sistema eficiente de autobuses. A nuestro favor, los taxis y los Ubber son muy baratos y te permiten moverte más rápido por la ciudad.

Todos nuestros amigos Colombianos, cuando les decíamos que íbamos a estar una semana conociendo su ciudad nos decían que era demasiado tiempo, y muchos viajeros con los que tuvimos la oportunidad de hablar también nos dijeron lo mismo, no les gustaba esta ciudad. 

Siendo sinceros, una semana no fue suficiente. Nos hubiésemos quedado mucho más tiempo. La ciudad nos encantó, se respiraba un aire diferente. Conocimos sus zonas turísticas, como el barrio de la candelaria, hicimos un tour por las zonas que antiguamente habían sido mas peligrosas y que gracias al arte urbano se estaban recuperando, subimos a su increíble cerro, Monserrate, donde se puede apreciar desde las alturas toda la ciudad, rumbeamos por su zona de fiestas, paseamos por Chapinero, un barrio repleto de gente y de zonas para comer o tomar algo… 

Algo gracioso de esta ciudad es que sus propios habitantes no te recomiendan ir a ver las zonas turísticas, todo el mundo te dice que te vayas a cualquiera de los barrios  que hemos mencionado a tomarte una buena pola (cerveza) o un buen café. 

Lo que enamora de esta ciudad 

Y de Bogotá nos gustó justamente eso: como prácticamente todas las ciudades del mundo, tiene zonas más o menos turísticas y zonas muy turísticas que no pueden faltar; pero lo verdaderamente interesante fue adentrarnos en su cultura y en su forma de vivir, entender como funciona el país a través de su capital y vivir una semana como si fuésemos bogotanos. Y durante esa semana lo logramos. Y es que contábamos con la ayuda de mucha gente, los amigos de Cesar, Julián (socio del tío de Sergio), Cristina (otra amiga del tío de Sergio) y muchas otras personas que estuvieron pendientes de nosotros y que nos ayudaron a hacer que esta semana fuese inolvidable. 

Tuvimos la suerte de conocer muchos aspectos de esta ciudad, perdernos por sus calles, recorrerla, comer en todo tipo de sitios, desde los más caseros hasta los mejores sitios de la ciudad, gracias a nuestra gran amiga Cristina Botero que nos trató como su fuésemos sus hijos. También tuvimos el placer de conocer al gran Julian, del que tan bien nos habían hablado y que no defraudó. No nos podría haber tratado mejor, con él tuvimos una de las mejores comidas que recordaremos de Bogotá, no solo por el sitio sino por la compañía y por la charla que mantuvimos sobre nuestro proyecto y sobre lo que estábamos haciendo. Pudimos conocer también a su mujer, Silvana, una mujer sin duda especial, diferente, increíble, dueña de uno de los locales más de moda de Bogotá, Masa, donde tuvimos la suerte de desayunar y comer en varias ocasiones.

Es probable que cuando leáis este post penséis que en estas condiciones viaja cualquiera y que nos lo están dando todo hecho. No vamos a negar que tuvimos suerte, pero algo que estamos aprendiendo es que la suerte se busca. Y es que hemos conseguido hacer lo que realmente nos gusta y poder disfrutar de esta ciudad en todos los sentidos, haciendo millones de cosas muy distintas, cada una de ellas enriquecedora a su manera.

En especial, Sergio se enamoró de esta ciudad y conectó tanto con ella que por una semana se olvidó de su tan querida Madrid y se planteó vivir en esa ciudad en un futuro cercano. 

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