Ciudad de Mexico: un caos ordenado

Primeras impresiones

Ciudad de Mexico es una de las ciudades más grandes del mundo, ocupa una superficie de 1485 kilómetros cuadrados y cuenta con una población de 20 millones de habitantes. En una ciudad tan poblada, es sorprendente que todo funcione con normalidad.

Desde el avión, antes de aterrizar ya se puede ver la inmensidad de la ciudad, que parece no acabar en el horizonte. Mires donde mires hay luces, edificios, coches en movimiento. Ciudad de México amanece muy temprano: a las 5:30 de la mañana ya empieza la vida, el tráfico, los paraditos (puestos de comida callejera)… Los colegios empiezan a las 7 de la mañana, algo totalmente distinto a lo que nosotros estamos acostumbrados en España.

Cuando llegas a una nueva ciudad, lo mas difícil es poder conectar con ella, sentirte como en casa, y Ciudad de México no es una excepción en ese sentido. Hace falta mucho tiempo para sentir que te adaptas a ella, pues todo es muy diferente. No vemos esto como algo negativo, ni mucho menos, pero es algo a tener en cuenta.

 

 

 



El idioma

Un elemento muy importante para nosotros es el idioma, que por suerte compartimos  y eso hace que sea mucho mas fácil
entendernos, y movernos por esta ciudad. Pero es que hasta el idioma cambia pese a ser también el nuestro, cambia bastante. Hay expresiones que muestran con total claridad lo caótica que puede parecer esta ciudad. Por ejemplo, los mexicanos nunca dicen no a algo, no existe el no para ellos, su equivalente es el ‘ahorita’. Si alguien te dice ‘ahorita’, ármate de paciencia y prepárate para esperar. Otra expresión curiosa es el ‘luego, luego’. ¿Qué crees que significa? Pues significa todo lo contrario a lo que podrías imaginar: lo utilizan para decir que algo esta muy cerca, que ya está, y lo utilizan para todo. Si preguntas dónde esta una parada de autobús y está muy cerca, te responderán ‘luego, luego’, por ejemplo.


Transporte y movilidad: caos en la superficie y subterráneo 

Superada la barrera del idioma, empieza el choque cultural. Aquí en Mexico, al ser una ciudad tan grande, hemos tenido la sensación, caminado por diferentes lugares, de que la gente es totalmente distinta entre ella. Eso sí, todos tienen el denominador común de la amabilidad. Y es que estés donde estés, sea la hora que sea, da igual a quien te dirijas que todos están dispuestos a ayudarte.

Otro ejemplo del caos de este lugar es la arquitectura. No somos unos expertos en la materia, pero a simple vista uno se puede dar cuenta de que no hay una coherencia. Es cierto que sí que hay zonas bien diferenciadas de otras, pero por lo general puedes encontrarte de todo.

Que sea una ciudad tan grande hace que esté altamente contaminada, y el tráfico no ayuda. No hemos tenido la oportunidad de conducir por sus carreteras, pero creo que es algo de lo que nunca nos arrepentiremos porque con verlo desde fuera tienes suficiente. Parece una jungla pero en realidad todo tiene su orden. Nadie (o casi nadie) respeta las señales de tráfico, adelantan por todos lados, se cruzan… Todo lo que te puedas imaginar y aún así no hay tantos accidentes como los que podría haber. 

 

 


Como alternativa tienes el transporte público y, en ese sentido, cómo se echa de menos el de nuestra querida ciudad, Madrid. Pero de todo se aprende y todo tiene su lado bueno o por lo menos divertido. El autobús, por ejemplo: pasan millones de autobuses que van a todos los lugares que te puedas imaginar, pero tardan bastante en llegar. Por eso si tienes la suerte de ver pasar tu autobús no lo puedes dejar escapar. Aunque esté lleno y no quepa ni un alma, la gente encuentra la forma de entrar. Una vez, llegamos a estar metidos en un autobús unas 200 personas, el autobús con las puertas abiertas y la gente colgando. Eso sí, todo el que entraba pagaba su billete como podía, te daba el dinero correspondiente para que se lo pasases al conductor. Y ese es otro ejemplo del caos ordenado: todo el mundo paga. 

Con el metro pasa algo parecido, hay demasiada gente. Para que lo entendáis mejor, estando nosotros dentro del metro lo desalojaron porque no podía entrar mas gente y no podían evitar que entrase más.

Por la calle encuentras en cada esquina millones de sitios para comer, puestecitos de comida mexicana. El único problema es que hay una mezcla de olores en la ciudad bastante peculiar, porque si mezclas ese olor de comida con el de la contaminación y con el de la basura… Te lo puedes imaginar. Otra cosa que nos llamó la atención es que pese a no existir las basuras en las calles, Ciudad de Mexico no da la sensación de estar especialmente sucia.

 

 


Una ciudad imperfecta

Sólo hemos experimentado una minúscula parte de Mexico y en una semana no da tiempo a adaptarte pero sí a ver algunos aspectos muy curiosos de esta gran metrópolis. 

En definitiva, una de las cosas importantes para tener éxito al cambiar de país es dejar momentáneamente de lado tus costumbres y lo que conocías para amoldarte a tu nuevo hogar. Un país nuevo significa adaptarte a comida distinta, acentos extraños y una nueva cultura, entre otras muchas cosas. 

Hablar de Ciudad de México implica siempre hacer referencia a su desorden, su sobrepoblación, el ruido, sus enormes calles y los ríos de gente, los diferentes estilos arquitectónicos que conviven felizmente uno junto al otro, su desorganización, su contaminación… Todas ellas características que definen su espíritu y especialidad y que la hacen, por extraño que parezca, una ciudad increíble, pero de difícil adaptación.

No hay que cerrar ninguna puerta a nada y se me queda la espina de no haber podido conectar más con esta ciudad, porque a día de hoy se me haría imposible vivir aquí.

                                 

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