Un paraíso natural

Desde que planeamos el comienzo de la aventura, uno de nuestros destinos más esperados era Colombia y en especial la zona cafetera. Habíamos leído artículos, visto imágenes y echado el ojo a  diferentes blogs de viajeros, y realmente era un lugar que pensábamos que merecería la pena. Además, queríamos comprobar una cosa: a Sergio, para los que no les conozcáis mucho, no le gusta el café y nunca lo toma. En Colombia y en especial en la zona cafetera sería muy difícil que no tomase ni una taza de café, y queríamos ver si después de eso dejaría de decir que el café es para mayores.

 

Un viaje un poco largo…

Salimos de Bogotá y nos dirigimos hacia Salento. Cogimos un bus, la distancia no era mucha (si la buscas en google maps no son más de 300 kilómetros, un viaje como de Madrid a León),  bueno eso pensábamos… En 3 horas estaríamos allí. 

El bus salía de madrugada y acostumbrados a los autobuses de México que eran súper cómodos, nos sentamos en el autobús colombiano y ya notamos las primeras diferencias, los asientos mucho más pequeños, incómodos, no nos daban comida… Pero bueno teníamos cosas que hacer durante el camino y no era un viaje excesivamente largo. Pasaron 6 horas y todavía no habíamos llegado, empezábamos a desesperarnos un poco, mirábamos el mapa y ya estaba… Pero en realidad quedaba otro largo camino por delante. Un problema que vimos de Colombia, creo que podríamos decir el único, fue eso, que la infraestructura de transportes con la que cuentan no es nada buena. No existen los túneles y para atravesar las montañas hay que hacer como a la antigua usanza, subir y bajar. 

Después de un viaje verdaderamente largo e incómodo, la cosa mejoraba por momentos, llegamos a Armenia la capital de una de las regiones del eje cafetero. No os recomendamos que os quedéis allí, no tiene absolutamente nada. Pillamos el bus que nos llevaba hacia nuestro destino, Salento. Eran las 6 de la mañana, no habíamos podido dormir casi nada y nos metimos en una especie de microbús camioneta donde la comodidad brillaba por su ausencia. Por fin llegamos a nuestro destino, un pueblito la verdad que mágico en medio de un valle, rodeado de montañas repletas de arboles y ríos. La verdad que era todo un paisaje de ensueño. El pueblito además estaba muy preparado para turistas era realmente bonito, acogedor y con todas las facilidades necesarias.

 

Salento y su magia 

Aprovechamos para visitar esta zona recorriendo los diferentes valles, visitando fincas cafeteras y pueblitos de alrededor de una forma muy curiosa, en este pueblo además del autobús de ruta, por llamarlo de alguna manera, cuenta con una buena flota de jeep 4×4 preparados para llevarte a todos los lados, la verdad que una maravilla poder explorar toda esta zona subimos en esos coches. 

La gente, como en todo en Colombia muy acogedora, nos contaban que todas las partes rurales de Colombia solían ser mas peligrosas o donde se solían producir más problemas como asesinatos, secuestros… Pero nada que ver, eso es el pasado. Esta zona es increíble con millones de cosas por ver y con gente increíble esperándote para mostrar los encantos de su tierra. Tanto es así que todas o casi todas las mañanas desayunábamos en la taberna del pueblo, ¨Donde Sally¨ en la calle real, es la principal del pueblo, donde todos los fines de semana se celebra el mercadillo, donde se encuentran todas las tiendas, hostel y bares mas turísticos del pueblo. El desayuno era básico pero contundente, exquisito y muy muy económico.

Sabíamos que uno de los días lo íbamos a dedicar a explorar el valle del Cócora, uno de los mayores atractivos de esta región, donde se encuentran palmas de cera, el árbol nacional de Colombia. No podíamos dejar ir, fue realmente increíble, un trekking no muy complicado, de 5 o 6 horas recorriendo este precioso valle. Es difícil explicar con palabras las sensaciones que vives al entrar en ese bosque mágico, por eso puedes ver nuestro video dónde realizamos ese trekking:

Sergio y su problema con el cafe

Otro de nuestros días estaba reservado a recorrer una finca cafetera y saber más sobre este producto tan consumido, el café. Después de contarnos como se producía, las cualidades que poseía, el mejor clima para cultivarlo, las mejores épocas, sus diferentes aromas y texturas, recoger granos de café en una de sus plantaciones… Llegó uno de los mejores momentos: la hora de la verdad, el momento en el que Sergio se enfrentara a probar una taza de café colombiano. No estamos exagerando, es que realmente no lo gusta nada, no lo puede soportar… Pero después de mucho esfuerzo lo probó, no tenia otra opción, no podía rechazar una taza de café recién molido en una de las mejores fincas cafeteras de la zona. ¡Sorprendentemente no le disgustó y llegó a decir que le gustaba pero se seguiría quedando con su cola cao!

Al ser un valle, el tiempo cambia constantemente así que no te olvides llevarte un chubasquero en la mochila. Uno de los últimos días decidimos ir a conocer un pueblito que se encontraba relativamente cerca de Salento, Filandia, también muy colorido, con sus casitas de colores, la gente en la calle, un pueblo muy colorido y lleno de alegría también en los días de tormenta. 

Filandia, la gran desconocida

El camino hacia Filandia fue un tanto curioso, pero eso es lo que realmente interesa y lo divertido de los viajes. 

Como os dijimos, aquí lo típico es moverse en los jeeps, no son caros pero para un presupuesto como el nuestro no es recomendable cogerlos todos los días, por eso cogimos un bus que supuestamente te dejaba cerca del pueblo… Bueno como en toda Latinoamérica el cerca puede ser desde 10 minutos hasta 1 hora caminado, a nosotros nos toco el cerca de 1 hora. Nos dejó en una carretera, así que no nos quedó otra que esperar. En principio pasaban autobuses pero no llegaban y nos decidimos a hacer autostop. Fríamente lo pensamos mejor y Colombia no nos pareció el mejor país para probar eso, entonces aparecía nuestro ángel de la guarda y ahora entenderéis el porque de ese nombre.  De repente apareció una chica joven, debía tener nuestra edad, con muchas estampillas de la virgen. Bueno la primera toma de contacto no fue muy buena porque nada mas escuchar nuestro acento se

acercó y nos preguntó, nos estuvo contando que había viajado por España pero que realmente no le había gustado nada, decía que los niños no eran felices. Bueno, después de eso le preguntábamos que a dónde iba, íbamos los tres en la misma dirección, le preguntamos cómo iba a ir, ella estaba esperando que la recogiesen, a lo que nos unimos. Bueno, el viaje como os dijimos fue un tanto peculiar en vez de meternos en un coche nos adentramos en una iglesia, durante el camino solo hablaban de la iglesia y de un nuevo movimiento religioso… Cuando llegamos a Filandia nunca mejor dicho nos cayo la de dios! Parecía el diluvio universal, no sabíamos cómo íbamos a poder volver porque los  jeep eran buenos pero no eran coches anfibios y el asunto estaba para chaleco y canoa. Pero bueno, llegamos a nuestro hostel preparados para dormir, descansar y continuar con nuestra próxima aventura.

Si os sirve y tenéis planeado ir a conocer el eje cafetero, para llegar hay autobuses continuos desde Armenia o Pereria muy baratos. Los hostel están bastante bien y son muy baratos, nosotros estábamos en uno, terrazas de Salento, en la calle principal por 5 euros la noche.

Como imprescindibles de esta región, si bien es cierto que necesitarías un mes para recorrerla bien, no puedes no visitar el mirador del Alto de la Cruz, donde puedes ver Salento desde las alturas. 

Visitar una finca cafetera, dicen que la mejor es Don Elías, nosotros fuimos al Ocaso y realmente fue una experiencia increíble y conseguimos que Sergio bebiese café! 

Y por último, lo mejor para el final visitar el Valle del Cocora y sus palmeras de cera. 

 

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